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"A LIFE FREE OF VIOLENCE: IT’S OUR RIGHT"

"UNA VIDA SIN VIOLENCIA ES UN DERECHO NUESTRO"

"UMA VIDA SEM VIOLENCIA E UM DIREITO NOSSO               
"UNE VIE SANS VIOLENCE C'EST NOTRE DROIT"


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PARA QUE LA MATERNIDAD SEA VOLUNTARIA

En un parque público de Ciudad de México, el domingo 10 de mayo de 1998, una numerosa delegación de mujeres asiste a la colocación de una placa de bronce en el Monumento a la Madre que lleva la siguiente inscripción: "A la que nos amó antes de conocernos porque su maternidad fue voluntaria".

"Lo que comenzó como una protesta de los grupos feministas, dice Patricia Olamendi, directora del Programa para la Participación Equitativa de la Mujer en el Distrito Federal, refiriéndose a la colocación de la placa por tercera vez, hoy se ha convertido en una propuesta de acciones del gobierno". Olamendi afirmó que de esta forma se reconocía el derecho de las mujeres a decidir libre, responsable y voluntariamente sobre su maternidad.

Como en México, otros países del continente están incorporando los derechos sexuales y reproductivos en sus constituciones, leyes y procedimientos institucionales. Un ejemplo muy notorio es Colombia que tiene una nueva ley sobre seguridad social que reconoce el derecho de las mujeres a decidir sobre su sexualidad y reproducción.

Derechos reconocidos

Fue en la III Conferencia sobre Población y Desarrollo celebrada en el Cairo en 1994, que los gobiernos del mundo reconocieron el derecho de las mujeres a tomar sus propias decisiones en materia de sexualidad y procreación, así como tener acceso e información a los servicios anticonceptivos.

En esa oportunidad, 180 países del mundo, convinieron en que antes del año 2015 debería ponerse a disposición de todas las personas, servicios de buena calidad en salud reproductiva e información adecuada.

Los cálculos estimados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, FNUAP estiman que hacia el año 2000, la prestación de mejores servicios de salud de la reproducción en todo el mundo costará 17.000 millones de dólares anuales. Esta suma constituye menos de lo que se gasta actualmente en armamento en una semana. "Aunque muchos gobiernos han ido aumentando los recursos asignados a programas de población, advierte el FNUAP, el importe de los gastos anuales en todo el mundo, aún está por debajo de la mitad de la meta de 17.000 millones de dólares".

En el año de la celebración de los cincuenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y cuando está en marcha la Campaña de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos de las Mujeres, estos compromisos son cruciales para entender el vínculo entre los conceptos población y desarrollo y derechos humanos de las mujeres. Cualquier incumplimiento en este sentido constituye una expresión de violencia contra la salud y la vida de millones de mujeres, pues como ya se ha constatado, cada año, 585.000 mujeres -una cada minuto- pierden la vida por causas relacionadas con el embarazo. La mayoría de ellas viven en Asia, Africa y América Latina.

Se trata entonces de llamar la atención mundial acerca de que los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres son parte constitutiva de los derechos humanos. Ellos posibilitan a las mujeres tomar sus propias opciones no sólo frente a la procreación, sino en otras esferas de la vida.

¿Pero en que consisten los derechos sexuales y reproductivos? En primer lugar, en el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas y personas individuales a decidir libre y responsablemente el número de hijos y de hijas. En segundo lugar, a disponer de la información y los medios necesarios para espaciar los nacimientos y el intervalo de éstos. En tercer lugar, el derecho a no sufrir discriminaciones o coacciones que vulneren su libre determinación. En cuarto lugar, el derecho a contraer matrimonio voluntariamente y a formar una familia. En quinto lugar, el derecho a verse libre de violencia y coacción sexual.

En este sentido, los programas de población deben respetar totalmente las decisiones de las personas en lo que se refiere a su procreación. Tanto en la Conferencia de El Cairo, como en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en 1995 en Beijing, se reconoció que el principio de no coacción es fundamental para los programas de población.

Políticas de población humanistas

Las activistas del movimiento de salud de las mujeres de América y el Caribe, han venido luchando porque los gobiernos otorguen un peso central al concepto de derechos para que de esta manera las políticas de población sean enfocadas con un sentido humanista y de justicia, en lugar de limitarse puramente al aspecto demográfico. Se trata de una nueva manera de abordar el concepto de población vinculado tradicionalmente a la consecución de metas demográficas. La Conferencia de El Cairo redimensionó este concepto incorporando en el Programa de Acción a 20 años un llamado a los gobiernos y a la comunidad internacional a lograr un equilibrio entre la población del planeta y los recursos existentes pero sin menoscabar la libertad de las personas en el ejercicio de sus derechos reproductivos.

El Cairo al estipular que "los programas de población deben respetar plenamente el derecho a la libre determinación en cuestiones de procreación" condena toda forma de coacción como una forma de violencia de género. A diferencia de las anteriores Conferencias sobre Población y Desarrollo, la de El Cairo se distingue por reducir el peso de lo demográfico al hacer hincapié en la necesidad de introducir reformas en la economía mundial y llevar a cabo programas sociales para reducir la pobreza.

"El comportamiento en materia de reproducción y los derechos de procreación, advierte un Informe del FNUAP, están estrechamente vinculados al logro de otros derechos y oportunidades sociales". Las diversas Conferencias internacionales convocadas por las Naciones Unidas en los últimos veinte años, han reconocido que el desarrollo sostenible depende, entre otros factores, de una mejor calidad de vida para todos y todas.

Un reciente estudio realizado por el FNUAP, reveló que la degradación natural de los recursos precipitada por creciente explosión de población, tiene más consecuencias adversas sobre las mujeres que sobre los hombres. "Las mujeres son las primeras víctimas de la pobreza, que es el principal resultado de la degradación natural y medioambiental. Los impactos de la degradación natural son aún más agravados por el hecho de que las mujeres son privadas de sus derechos de obtener acceso a las actividades de toma de decisiones, oportunidades educacionales y propiedad de la tierra" señala este estudio. He aquí otra expresión de violencia de género.

La meta: mejores servicios

Si bien se han logrado avances en el campo de la salubridad, tanto el crecimiento demográfico como los programas de ajuste estructural han reducido la asignación de recursos per cápita a la atención primaria de salud, esto ha llevado a una disminución de servicios de buena calidad en muchos países del continente. Como siempre los efectos de estos ajustes han afectado más fuertemente a las poblaciones de menores recursos y especialmente a las mujeres y los/las niños/niñas. A esto debe agregarse fuertes críticas en algunos países a la ineficiencia y corrupción del sector público.

Es indudable que hablar de servicios integrales de salud significará mejorar su cobertura para satisfacer la demanda en el área de la anticoncepción, ya que estos servicios deben abarcar más que los aspectos propiamente clínicos. El hecho de que un número considerable de mujeres en la región recurra al aborto como un recurso desesperado frente a un embarazo no deseado, pone en evidencia la falta de efectividad y el alcance de los servicios de anticoncepción, ya que según algunas encuestas, un alto porcentaje de estas mujeres preferiría haber usado un anticonceptivo. Simple conclusión: disponer de mejores servicios anticonceptivos permitirá reducir el número de abortos.

Al mismo tiempo, es preciso disponer ampliamente de los servicios de atención obstétrica de emergencia para hacer frente a las complicaciones del embarazo y el parto para así reducir la mortalidad materna y llegar a las metas aceptadas por la comunidad internacional. En este caso se trata de reducir a la mitad el nivel existente en 1990 para el año 2000 y nuevamente a la mitad hacia el año 2015.

Adolescentes: necesidades distintas

En la Conferencia de El Cairo, por primera vez se dio reconocimiento al hecho de que existe un amplio sector de la sociedad cuyas demandas y necesidades en el área de la sexualidad y la salud son distintas a las del resto de la población. Este sector está compuesto por las y los jóvenes. Tradicionalmente los servicios de salud, en su mayoría, habían hecho caso omiso a las necesidades de las y los adolescentes. En el Programa de Acción se destaca, que "por lo general, los jóvenes de uno y otro sexo están mal informados acerca de la manera de protegerse contra embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual". Por lo tanto requieren recibir información adecuada y acceso a los servicios de anticoncepción, pero además tener derecho a la privacidad.

Es sabido que las madres adolescentes enfrentan un riesgo superior al de otras mujeres de perder la vida debido al embarazo y el parto y que sus hijas/os tienen niveles más altos de morbilidad y mortalidad. También los matrimonios y partos tempranos son un obstáculo para el acceso de oportunidades de educación y empleo para las jóvenes. "La educación de las niñas, advierte el documento de El Cairo, es un factor fundamental para mejorar la salud de la familia, reducir la mortalidad de lactantes y cambiar los comportamientos en materia de procreación".

La existencia de altos niveles de embarazo, partos y abortos en malas condiciones, tienen relación con la falta de oportunidades educacionales y económicas, y es un atentado a los derechos humanos de las mujeres. Adolescentes y niñas de los sectores de bajos recursos en especial, son víctimas de abusos sexuales, de violencia y muchas son empujadas a la prostitución.

Estudios de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, han demostrado que una madre adolescente tiene siete veces menos oportunidades de continuar su educación que cualquiera otra joven de su misma edad que no sea madre. Además sus posibilidades de escapar de la pobreza disminuyen por un factor de 30 en relación a otras mujeres sin hijos de su misma edad.

Otro problema conectado con el embarazo precoz, según la UNICEF, es que "tiende a atrapar a las muchachas en un ciclo repetitivo de embarazos de diferentes padres, en la medida que pasan de una fuente temporaria de apoyo a otra".

De ahí que uno de los objetivos prioritarios del Programa de Acción de El Cairo sea aumentar el acceso de las mujeres a la educación, especialmente de las niñas. Esto significa luchar contra códigos, religiones, leyes y costumbres tradicionales que refuerzan la discriminación de género. Es cierto que en los últimos decenios, las tasas de alfabetización de las mujeres han ido en aumento, por lo menos en un 75 por ciento en una buena parte de los países de América Latina y el Caribe.

Pero aún las oportunidades para las niñas siguen constreñidas por barreras económicas, sociales y culturales. Frente a este panorama, Nafis Sadik, Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas, sostiene la necesidad de lograr reales compromisos de parte de los gobiernos en lo que respecta al derecho de las niñas a la educación y no ser víctimas de violencia. Para eso se requerirá que los gastos tanto en educación como en salud reproductiva sean prioritarios.

Fuente:
Centro de Información y Documentación de Isis Internacional
Correo Electrónico: isis@reuna.cl

EL ESTADO DE LA SITUACION

Al finalizar el siglo la población mundial llegará a los 5. 926 millones de personas. En América Latina y el Caribe, Brasil es el país más poblado: quinto en el mundo, con 162 millones de personas, seguido de México: undécimo en el total, con 97 millones. (Population Reference Bureau, PRB).

Según UNICEF, de los 31 millones de partos registrados anualmente en América Latina y el Caribe, dos millones corresponden a adolescentes, es decir el 15 por ciento del total.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, estima que si las niñas reciben la misma atención que los niños, la oportunidad de sobrevivir durante los primeros cinco años de vida es de 1.01 en favor de ellas.

En Guatemala, una cuarta parte de la totalidad de las mujeres tiene su primer parto antes de los 18 años. En Brasil, una de cada 12 adolescentes entre 15 y 19 años es madre. En Ecuador, el 20 por ciento de las campesinas menores de 18 años tiene, al menos, un hijo/hija, y lo mismo ocurre en Perú, en donde 100.00 muchachas de 12 y 14 años han sido madres.

En Bolivia, el 17,4 por ciento de los nacimientos ocurre en mujeres menores de 20 años y el 20 por ciento de los abortos son practicados en mujeres menores de 18 años.

El Salvador es el país que presenta el mayor porcentaje de adolescentes embarazadas con 138 por 1000, mientras que el menos es Barbados con 60 por 1000.

Datos proporcionados por el Ministerio de Salud de Brasil, indican que uno de cada 100 partos es de niñas que tienen edades entre los 10 y 14 años.

En República Dominicana, el 85 por ciento de adolescentes que tuvieron relaciones sexuales quedaron embarazadas a pesar de que el 99 por ciento de ellas conoce por lo menos un método anticonceptivo moderno.

Las familias pobres de Costa Rica y Guatemala, tienen una tasa global de fecundidad de 60 por ciento superior a las familias con recursos.

En Chile cada año nacen 40.000 hijas/hijos de madres adolescentes de los cuales cerca del 80 por ciento no son deseados ni planificados.

En 1990, Haití tuvo una tasa de muertes maternas de 600 por cada 100.000 nacidos vivos. .Top of Page


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